Envía tus Anécdotas

Anécdotas de la 36


Perroni y el Ché André  (M.Perroni: 11/09/2004)
Negro Bellina en Champagnat de Bs.Aires (JA Bellina:14/09/2004)
Dos Anécdotas Cortas (JA Bellina:23/09/2004)
Me animo a contar una  (A.Morán 28/09/2004)
Salto con Trampita (A.Morán 28/09/2004)
Mi Uniforme de IPM (R.Bernui 2/10/2004)
Mi Querida Pelota ( Tato Manrique 21/09/2005))


Una de Esas Coincidencias
...
(Mario Perroni)

Estuve en Bs. As. unos cuantos días, entre mayo y junio últimos. Como muchos de ustedes saben, entre las actividades que recomiendan los entendidos, se incluye visita y paseo en bote por el río Tigre. En consecuencia, me encontraba yo en el punto de partida de un tren que lleva en unos cuantos minutos al embarcadero, cuando sonaron unos pasos retumbando en la escalera metálica que conduce a la plataforma de espera. No era difícil escucharlos, pues mi pareja y yo éramos los únicos sufridos esperando por el susodicho trencito. Apareció una señora próxima a la mediana edad, con dos ya mayores (paraguayas, hermanas, muy simpáticas sabría después), y una mamá joven con sus dos hijos pequeños.
El grupo lo comandaba la primera, que con sus comentarios daba a entender que había hecho ya esta travesía antes, además de ser muy dicharachera y entusiasta.
Como todos también sabemos, las mujeres no tienen nuestra prudencia ni pudor cuando de pedir información se trata, así es que en menos de lo que lo digo, mi compañera de viaje ya estaba de tú y vos con Elsita, nombre con el que se identificó la protagonista de mi relato. Se trataba de una señora nacida en Paraguay, criada en Venezuela, casada y residente en Argentina.
No sólo por su desarrollo en el caribe, sino por naturaleza propia, Elsita es sumamente comunicativa, por lo que antes de que el bendito tren llegara en mi auxilio, fui incorporado forzozamente a la conversación del grupo.
No recuerdo bien la manera exacta, pero poco a poco fuimos llegando a datos personales, los que conforme se iban dando a conocer, hacían que mentalmente me resistiera a creer lo que ya iba anticipando.
Resultó ser casada con un primo de nuestro conocido Che André: ¿pueden creer la coincidencia?, yo, en un país ajeno, en el andén de un tren a cualquier parte,  encontrar a una pariente de nuestro compañero de tercero o cuarto, al que dejé de ver hace más de treinta años.
He querido distraerlos un rato contándoles esta anécdota que nos permite, felizmente, saber de Federico, cuya dirección y número de teléfono pudimos averiguar llamando a Elsita desde la oficina del tenaz Tito Morán, una tarde cualquiera.
Los datos y alguna comunicación del Che ya están incluidos por Cucho en nuestra página. Sé que lo alegrará muchísimo que se comuniquen con él.
Un abrazo para todos.



También me Sucedió en Buenos Aires.
(Negro Bellina)


El año 1996 fui destinado a la Embajada del Perú en Buenos Aires. Apenas llegado tenía decidido que mis dos hijos hombres fueran al colegio Champagnat de esa ciudad. Como era principios de febrero fui recibido por el portero del colegio el Sr. Gonzales quien por coincidencia es peruano y hace mas de 30 años que ejerce esa labor ( es decir un Quique pero mas simpático). Me dijo que el Director llegaba a fin de mes. Le conté que era ex-alumno de Chapagnat de Lima y que quería poner a mis hijos en el colegio. Solemnemente me dijo "...ex-alumno y peruano...no se preocupe Sr. Bellina sus hijos están adentro". A fin de mes me llamó el Director, quien fue hermano Marianista, me dijo que el Sr. Gonzales le había contado nuestra conversación y " si él le dijo que están adentro.. pues están adentro". Después supe que es considerado entre los mejores colegios del país y por lo tanto muy difícil de ingresar, salvo aquellos que son hermanos o ex-alumnos, pues bueno, me consideraron esto último. Algo para recalcar. Es tradición en el Champagnat de B.Aires que el portero le entregue el premio al mejor alumno de la promoción el día de la graduación. Linda costumbre no?
Mas aún. El día que matricule a los chicos me fui a la cafetería para comprar los libros y tomar una gaseosa. Se me acerco un hermano ya viejito, el hermano Amelio,  y me dijo"..es Ud. el Sr. Bellina, el peruano?", le conteste que sí y me pregunto "...qué es Ud. de don Eliseo Bellina?, su nieto le dije. Al hermano se le llenaron los ojos de lagrimas y me dijo " yo fui muy amigo de su abuelo cuando el estaba construyendo la parte nueva del Champagnat de Miraflores" (él también construyo la parte antigua). Bueno, de ahí surgió una gran relación: Cuidó a mi hijos, los guío, disfrutaba viendo como mi hijo José Antonio era el Capitán, si señores, Capitán de la selección de fútbol de su año (PADRE ORGULLOSO NO?); almorzábamos de vez en cuando- ahí me entere que el hermano Ugollini había fallecido (no será de muy grata recordación pero Dios lo tenga con él). Hasta que un día me dice que se iba a Italia para ver a su madre que estaba muy enferma. Nunca regresó. Murió en su tierra. La pena fue inmensa. Se fue con él toda una época, una historia. La ceremonia y la Misa en el colegio fue de las mas imponentes que he visto en mi vida. Todo el colegio lo lloraba. Otro detalle, había sido también Director del Colegio de Cajamarca: es más, hay una calle que lleva su nombre en esa ciudad por la gran labor que realizó. Todo un personaje...Todo un hermano Marista
Realmente tuve el gran gusto que mis hijos estuvieran tres años en un colegio Marista. Por razones del inglés (lo que nunca voy a entender del Champagnat de Lima) puse a mis hijos en el Santa Maria, pero creo que esos años le dieron a mis chicos aquello que solo los maristas tenemos. Una amistad a prueba de todo.
Un gran abrazo,


Dos Anécdotas Cortas
(J.A. Bellina)

Estoy casi seguro que ambas sucedieron el año 1967 ( el de la barbarie).
La primera. Durante uno de esos inolvidables paseos, fuimos a un lugar que se llamaba Trapiche, si mal no recuerdo cerca de Santa Eulalia. Eran los años de los primeros cigarros y del famoso " qué quieres que te diga", como muestra de que sabías golpear. Varios de nosotros habíamos contrabandeado algunos de las marcas mas increíbles: Country, Aviación - Jet (que asco), Fortuna y por ahí algún Norton (los mas pudientes). 
El lugar era cerca del río ( Sta. Eulalia creo) y en los alrededores habían plantíos de caña de azúcar - me imagino por eso el nombre de Trapiche-. Cuando nos encontrabamos en plena fumadera se acercó sigiloso alguno de los hermanos, podría ser Fernando (Elmo), por lo que tiramos los cigarrillos y salimos huyendo.
No nos habíamos percatado, como buenos inconcientes, que todo estaba recontra seco y se inició un incendio de medianas proporciones. Al final, ante la queja de los agricultores, tuvimos todos que pagar por el daño ocasionado y, por supuesto, varios fueron directamente acusados ( reconozco que me salvé) y recuerdo que hubieron sanciones muy duras ( como leer no se cuantos versículos de la Biblia en el medio del patio de 7 a 8 de la mañana). Se acordaban del incidente?
La otra se refiere cuando se jugaba el Campeonato Inter-Maristas de Fútbol por años. Eramos visita en cancha del San José del Callao ( realmente el único rival de polendas). Con un empate campeonabamos . Siguas Sifuentes había sido arteramente lesionado en el anterior partido con San Isidro a quién sólo ganamos 4-2 en nuestra cancha ( lo recuerdo muy bien ya que fue el primer partido que jugué por la selección y entré justamente en reemplazo de Juan). En el partido de ida le habíamos metido creo que 7 u 8, pero el buen Goyo no tuvo mejor ida que hacer entrar a nuestro arquero suplente ( me guardo el nombre) para ques e "asentara" . Como resultado nos hicieron dos. Lo que al final fue determinante para perder el campeonato por diferencia de goles ya que nos ganaron 2-1, nos empataron el puntos pero tenían mejor goal average. Nuestra furia y frustración fue deshogada contra la puertas, duchas y demás instalaciones del colegio del Callao. Total, los padres de los insignes componentes de la Selección tuvieron que pagar todas las reparaciones y daños. Tampoco se acordaban?.
Dicho sea de paso. Qué argolleros ( hasta ahora) nuestros futboleros. 
Un abrazo a todos,
Negro Bellina


Me animo a contar una anécdota personal
(Tito Morán)

Era 1967, el año de la barbarie, como dice bien el Negro Bellina. Sale el Hermano Ugollini luego del exámen final de anatomía para leer los nombres de los que iban al oral. Nunca antes me había arrepentido de apellidarme Morán, pero al escuchar mi nombre maldije a todos mis antepasados por que a alguien había que maldecir.
Llegó el momento crucial y uno de los jurados me lanzó una pregunta, me imagino que en chino porque ni siquiera entendí de qué se trataba. Entonces, el hermano Ugollini se dirigió al jurado y le dijo, este es un buen alumno que debe estar un poco nervioso y obtuvo autorización para hacerme el unas preguntas. Sólo me hizo una: ¿Cómo se llaman los pelillos que hay en el intestino y permiten la absorción de los nutrientes?, yo, honestamente (lo juro), contesté "pelillos". No, me dijo, trata de recordar. No recordé.
El hermano me miró como tratando de adivinar que pasaba por mi mente en ese momento (o sea, nada), yo lo miré como condenado a muerte pidiendo clemencia, no cruzamos otra palabra, el Hermano Ugollini se dirigió al jurado y les dijo, el alumno aprueba, con once.... me supo a 20!!!!
Hace poco en un programa del Discovery Health, seguro, dijeron el nombre de estos pelillos, lamentablemente lo he vuelto a olvidar, pero le tengo una deuda al hermano Ugollini por su bondad, y por eso les pido una oración por este hermano que en vida me hizo un milagro!
 Tito Morán.

Salto con Trampìta
(Tito Morán)

Qué lindo fue el día que pasamos en la base de Infantería de Marina por los 25 años de la promoción. Chicho programó una serie de actividades que demostraron el alto nivel de preparación de los infantes. Recuerdo cuando vimos la prueba de la torre de agua y con curiosidad pregunté si alguno de nosotros podía hacer el salto, que en realidad se llama Rapel o descenso en cuerda.
Cuando el oficial contestó afirmativamente (ellos no dicen simplemente SI), alguien me empujó, creo que fue mi otro yo que es medio desquiciado, de manera que antes de darme verdadera cuenta ya estaba con arnés y "debidamente" instruído al filo de la torre. Ustedes a 3,000 metros abajo, al menos eso es lo que me parecía. Dudé, grité para darme valor ¡PROMOCIOOOOOOOON! como si lo que estaba haciendo fuera un acto heróico, una inmolación. No recuerdo como hice el primer salto, ese que te desprende de la solidez de la torre y te lleva al vacío. Pero lo hice.
Que sensación tan increíble, realmente maravillosa. Cuando puse los pies como todo un experto en la pared de la torre, sentí un alivio inmenso, podía gobernar perfectamente la bajada en cuerda, lo hice un par de veces más en la parte ancha de la torre, y luego el vacío, que bajé disfrutando cada metro, variando de velocidad a mi gusto, escuchando sus risas, sus bromas, el Negro Malqui puso un cojín para "amortiguar" una eventual caída, me dió mucha risa, todo ocurría como en cámara lenta, disfrutaba cada segundo como si fuera una hora. Cuando llegué al piso todos se me acercaron entuasiastas, felicitándome, abrazándome, me decían que era valiente, que era un loco, que no debía haber arriesgado mi vida, nunca sentí tanto su cariño como en ese momento y lo disfruté y lo sigo disfrutando hasta hoy.
Pero a esto no va el cuento, sino a destacar las exigencias, a veces excesivas, de los hijos. 
Resulta que no le conté este episodio a mi esposa ni a mi hija quienes se enteraron el día de la ceremonia en el colegio, cuando las esposas de ustedes les comentaron mi "hazaña" al "tirarme" de una torre tan alta y todo lo demás, y ellas no sabían nada, de manera que las llevaron a ver las fotos del evento y cuando le enseñaron a mi hija cómo su padre había sido tan valiente de "tirarse" de la torre de nosecuantosmetros de alto, ella que estaba muy entusiamada por tanto alboroto y admiración, mirando la foto con detenimiento, de pronto hizo una mueca de "asi no vale pues" e hizo el siguiente comentario "ahhh pero se tiró con pita...."
Hija, te juro que la próxima lo hago sin ninguna ayuda!!!! perdóóóón


Mi Uniforme de IPM
(R.Bernui)

Tengo un hermano mayor que me lleva unos siete u ocho años, y entre otras cosas malas, tuve la suerte de heredarle su uniforme de IPM, prenda que puntualmente había sido usada todos los días durante sus tres años de encierro en el Leoncio Prado. Esto es, cuando llegó a mi poder, el uniforme tenía ya un largo recorrido (léase zurcidos, desgaste, decoloración, etc.) y yo, por mi parte, le di el debido uso y abuso hasta quinto de media.
No se si yo habré sido indolente o si en aquellos tiempos no había tanta presunción en los muchachos por la ropa, pero el tema del uniforme viejo y descolorido (casi blanco) me traía sin cuidado y hasta me sentía un poco orgulloso de tener una prenda "con historia". De esta forma yo y mi uniforme llegamos a Diciembre de 1969, fecha del examen final del IPM, a las órdenes de nuestro mentor e instructor el Sub Oficial de Primera Artidoro Rodríguez Negrón.
No recuerdo en qué consistió el examen ni qué pruebas o marchas hicimos, pero si me acuerdo que IPM fue nuestro primer examen final y era como empezar a poner el pie fuera del colegio. Recuerdo también que por sugerencia del chino Sarmiento fui uno de los pocos tontos que anticipadamente se raparon la cabeza ("para que el pelo estuviera crecidito para la fiesta de prom") sin prever que Artidoro en un inusual arranque de humanidad, eximiera al batallón de la rapada de ley. ¡Plop!
En fin, terminado el examen y llegada la hora de salida, la muchachada de Quinto salimos orgullosos por la puerta de San Ramón y, como era tradición, empezamos a ponernos unos a otros unas firmitas y recuerdos en los uniformes. Todo anduvo bien hasta que, no diré quien comenzó, pero otros dirán que fue Frías, se empezaron hacer algunas pequeñas roturas a los uniformes: un jaloncito a las galoneras, una desgarradita a las cristinas, una arrancadita de mangas... en fin, y el asunto fue degenerando hasta que realmente degeneró y la rotudera de uniformes fue general, correspondiéndome la dicha de arrancarle el bolsillo delantero a Pocho Parodi, y roturas van roturas vienen, la calma fue llegando y cada uno nos fuimos yendo a nuestras casitas.
Caminábamos alegres con Calín Ezeta, Perroni y no sé quien más por la Diagonal hacia la Av. Pardo para tomar el Bussing de Chama, cuando a la altura de "Las Delicias" y al grito de ¡Ataja! pasa corriendo el vengativo Parodi y al vuelo mete la mano al bolsillo trasero de mi viejo pantalón y, sin soltarlo, sigue a la carrera y mientras caigo al piso en trompo voy sintiendo el desgarrón de la tela y con asombro voy viendo como se alejaba  a toda máquina el loco Parodi por la Diagonal con la mitad de mi pantalón de IPM en sus manos.
¡Trágame Tierra!. Mi sensación de desamparo fue absoluta. A los 16 años a las 12.30 del medio día me encontraba en el paradero del Cine Pacífico sin medio pantalón, calzoncillos al aire, tapándome las pelotas con mi pioner.
Mi salvador, como en muchas otras oportunidades, fue mi entrañable amigo el chato Calín, quien desinteresadamente me prestó su chompa que la amarré a modo de pañal, y gracias a ella pude viajar de pie y semidesnudo con algo de dignidad e indiferencia en el interminable trayecto del bussing ante las risas burlonas de las chicas del Mater, Reparación y San Jorge que habitualmente ruteaban hacia Chama en el mismo Ómnibus...
Maldije entonces a mi viejo uniforme por su falta de firmeza, como si tuviera la culpa de ser viejo; es más, confieso, lo despedacé en cuanto llegue a casa, pero hoy reconozco que murió en combate, y, en un acto de contrición, ahora que yo también me pongo viejo, lo perdono y lo recuerdo con nostalgia.


Mi Querida Pelota
(Tato Manrique)

Cuarto de media, Colegio Champagnat ,...como me gustaba jugar
fútbol¡¡,..entre las pichangas del colegio mas las del barrio completaba fácil una jornada semanal de 48 horas dándole a la pelota incluyendo los sábados y domingos. Tenía un cuerito del Mater, ( como la hacía sufrir diciéndole a cada rato que no podía verla porque tenía que " estudiar" cuando en verdad me iba a jugar pelota), tenía mi moto; iba casi todos los días de Noviembre a Abril a la playa que me encanta; cachueleaba, ganando mis monedas, para un tío que era de la marina mercante y ganaba
campeonatos en cuanto club o equipo reforzábamos o participábamos con mi único hermano Lalo,...el otro día hemos hecho un remember y hemos llegado a calcular en mas o menos 25 copas de fulbito las que ganamos incluyendo una en el barrio obrero de la rica viky contra los " Aguerridos de La Victoria" en que conseguimos los puntos de campeonato mas sagrados de mi dilatada carrera,...Sí¡¡... los 7 puntos que me pusieron en emergencia de la clínica americana en mi muñeca derecha luego de una descomunal
bronca,...¡¡que más podía pedir para ser feliz¡¡¡.

Pero de todos mis bienes terrenales y espirituales lo que más quería en el mundo era mi pelota Merkur de cuero comprada con mi largamente juntada propina en la Casa Noriega en la Av. Abancay y que pesaba como la gran flauta cuando estaba mojada. Ya la tenía como 6 años y estaba debidamente amaestrada; como los dados cargados de chicho Frías cuando timbeamos en el legendario paseo al norte en los órganos y que dejamos sin presupuesto para el resto del viaje a Mario Belaúnde. A veces, en realidad muy pocas, llevaba mi pelota al colegio y prefería llegar tarde o que no me dejaran entrar a clases antes que arriesgarme a perderla o que se la "arruge" algún hermano marista y la guarde para siempre en el famoso almacén donde guardaban las jabalinas y otros implementos deportivos al costado de la cancha de fútbol.

Finalmente, en la definición de un campeonato contra los chacales de la gusanera - cancha del parque Habich de mi barrio en Jesús María,
caracterizada por tener como residentes habituales a unos gusanazos con cabeza roja - mi querida y leal pelota feneció, en un crudo invierno del 69, incrustada - después de anotar un gol de chalaca con mi padre de arbitro- dentro de las llantas traseras de un camión de basura, al cual perseguí por varias cuadras hasta recuperarla totalmente destrozada.

Al día siguiente, Domingo, la enterré en el mismo parque junto con el gato recién atropellado del gringo Max Higueras.

El Lunes no fui al colegio, estaba muy triste.

Tato Manrique de Lara

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